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Ehm, toma, es un poco de uan historia que nunca termine... por el hecho de que salio "Cronicas de Narnia", y mi historia tenia una nombre parecido, yo no lo saque de ahí, nisiquiera sabia que existia "Conicas de Narnia", pero bue, me enoej y no la seguí-
Historias de Lirdia
Amanecía de FuegoLas ballestas se preparan mientras el estruendo de los rayos resonaba tras los riscos, la infantería, ya preparada comenzaba su marcha, armados con lanzas largas de punta de hierro afilada; caminaban al grito de los generales. Mas atrás, subiendo por la ladera, detrás de una pequeña zona rocosa se escondían los arqueros, que ya esperaban la orden de lanzar la lluvia infernal. El flanco derecho destellaba de dorado; cuando se divisaba entre la espesa niebla la caballería de Snara; quienes portaban acorazadas armaduras revestidas en oro, escudos cuidadosamente tallados, forjados por los mejores herreros de los Valles Azules. El centro estaba ocupado por La Guardia, los cuales protegían al rey distribuyéndose en forma triangular.
El observado, apenas alcanzaba ver entre la niebla, a pesar de estar mirando por los lentes de aquel extraño artefacto, el grito mientras su voz se ahogaba en miedo- ¡En nombre de todos los dioses! ¡Allí vienen!
Los soldados se apresuraron a tomar sus armas al mismo tiempo que un ansiedad los invadía… de pronto todo se quedo en silencio, el miedo mezclado con la agitación se apodero de todos… nada sucedió por algunos minutos, en los cuales solo se escucho el silbido del viento que se metía entre las milenarias grietas de las montañas y alguna ave que grito como predicando el momento… De pronto, de entre la espesura blanca apareció… era el ejército de Duk-Naldama, formado por mas de treinta mil Ardanos, el ejército mas temido, desde el cielo a la tierra, desde el mar hasta las montañas… nada se le parecía, nada podría pararlos, eran Ardanos, y su nombre no era para menos; Criaturas haladas del tamaño de dos hombres, provistos de piel tan gruesa que ni la armadura mas resistente podría comparárseles, roja como la sangre de sus victimas… llevaban consigo, nada menos que hachas fundidas en hierro volcánico revestidas en Dilirtih, a su aleteo abrían la espesa niebla que parecía dejarlos pasar para no tener un encuentro con sus rostros. Al final… detrás de ese ejercito bestial estaba el, rey de bestias, líder de demoños, Duknamea, del tamaño de un cerro, con sus alas quemadas y gastadas, caminaba a pasos lento que hacia temblar el suelo por kilómetros…
Entre la desesperación, el comandante de los cancerberos dio orden de soltar las flechas, que salieron despedidas, silbando en el viento bajaron como cascada dejándose caer a toda velocidad contra el ejercito bestial… algunas lograron perforar alas pero apenas no hicieron mas que enfurecer a los alados, que desprovistos de formación, se lanzaron contra la temblante infantería… cayeron del cielo clavando sus garras en los guerreros, algunos lograron sobrevivir, colocando sus fieles escudos para parar a las bestias, pero fue solo por algunos momentos antes de que sean alcanzados nuevamente por aquellas manos que trituraron cráneos y quebraron columnas, otros dieron batalla, e incluso algún Ardano fue herido pero… todos cayeron poco a poco, mutilados y revoleados por los aires como carnada de un tiburón. La Guardia bajo por la colina a toda velocidad intentando llegar al rey para salvarlo, en ese mismo momento fue cuando toda esperanza de sobrevivir se desplomo, Duknamea estaba en el campo de batalla y vasto un movimiento de sus manos para arrasar con toda la caballería, agito sus alas y aplasto al rey con una pisada tan fuerte que el suelo rocoso tembló por un instante… Una grieta se abrió y escalo por un risco, se escucho un gran estruendo y las rocas empezaron a ceder en un torrente asesino, pronto todo el bolsón cedió en si mismo aplastando a ambos ejércitos, cuando el polvo levantado bajo un poco… nada se escucho… lo que antes había sido un paso entre dos cordones ahora solo era una desapareció entre grandes picos…
En una mañana, Mi vidaYa el sol se escondía en Gofit, los últimos rayos atravesaban los valles y reflejaban en el mar como espejo gigante. La ciudad se cubría en aroma a frutillas, era Doce de Levantaviento y todo el poblado estaba en plena elaboración del más preciado dulce de Fresas de toda Lirdia. Era una Villa de no más de trescientos habitantes, ubicada en el pie de monte, de la Cordillera Baja, a pesar de ser una ciudad costera, no compartía las características de la misma, no había puerto ni grandes marineros. La casas se alzaban altas entres las callejéelas, que surcaban la espinada ladera, llenas de ventanas de donde colgaban plantas; las cuales eran la mayor atracción de las pobladoras, que pasaban largos años en los jardines plantando, sacando y volviendo a plantar flores. En cuanto a los hombres, de niños los mandaban al bosque a talar, de grande los mandaban al bosque a talar… y finalmente de viejos, los mandaban al bosque a talar. Gracias a esto Gofit poseía un titulo en el Torneo Anual de Forzudos; todos sus habitantes desarrollaban rápidamente el cuerpo, y a la edad de trece años ya se los consideraba adultos, que por ese tiempo alcanzaban el metro y sesenta, con brazos tan grandes y fibrosos.
Amanecía con la brisa caliente, de comienzos de la estación calida, los primeros pichones salían de sus nidos, y algunas flores adelantadas se abrían en mi ventana. Abrí un ojo, luego el otro, respire profundo, olía a panadería, moví un poco mis brazos y escuche – ¡Thorrin Dall, tienes dos minutos para estar de pié o te quedas sin desayuno! Y… ¡Hoy vendrás al bosque, se acabaron los beneficios! Tan pronto como pude me levante de la cama, entre saltos y correteadas estaba bajando por la escalera con media camisa prendida y el pantalón por las rodillas, tosí un poco para que se de vuelta, el sabia que estaba allí, pero prefería darme la espalda cuando yo llegase. Se dio vuelta, me miro y no expreso nada, con su mirada me señalo la mesa, ocupada ahora por un trozo de pan con dulce y un vaso con leche de cabra.
El era mi padre, Don Gragis Dall, un viejo de carisma agrio como el limón, cuerpo gastado por los años de trabajo, aunque forzudo aun, como cualquier otro Gofitense. El no era tan malo, ni tan rudo, solo lo aparentaba, era una persona orgullosa, conservadora, decía tener cuarenta años, aunque mi tía me aseguraba que el tenía mas de cuarenta y cinco, sea como sea, su edad era elevada, teniendo en cuenta que en promedio no se pasan los sesenta años de vida.
Tome la pesada silla, la deslice en el piso de piedra, y me senté. Mi padre seguía dado vuelta cerca de la mesada, como si estuviera viendo algo… no se porque, una curiosidad se despertó en mi, tenia que ver que miraba, no podía quedarme con la duda, el nunca me contaría que era eso, ¡maldición! , me levante de la silla sin hacer ruido, caminado punta píe con el mayor sigilo que pude, me acerqué, mire por debajo del hombro de el, entre sus costillas y el brazo, era un papel, algo gastado, estaba escrito… El se dio vuelta y me tomo por mi mano, ¡¿Qué haces aquí pequeñín?! , con una voz ahogada logre decir: -Pa… pa… papa, estoy buscando un cuchillo, esta en el segundo cajón ¿no? Se agacho, abrió el cajón, saco uno y me lo dio, luego no expreso nada. Lleno de rabia por no descubrir que era ese papel, me senté, tome el cuchillo, unte mermelada en el pan y me dispuse a terminar con mi desayuno.
Tal como mi padre me anticipo, ese día me obligo ir a los aserraderos, entre insultos, pataleadas y llantos cedí, me llevo a la tienda Barrin Hachas, ubicada en pleno centro del condado. Era la mas prestigiosa firma de aceros de la zona, entre al local, mi padre se acerco al comerciante, el entrego una bolsita que sonaba a metal y volvió a mi. –Hijo, como lo eh hecho yo, tus abuelos, tus tataras abuelos y todos tus predecesores, hoy vamos a comprarte tu hacha, la que llevaras por el resto de tu vida en el hombro. Me sumergí entre orgullo y tristeza, ya era adulto, ya no seria mas un niño, pero… ya no tendría la vida fácil que llevaba hasta ese entonces, debería trabajar y dedicar todas mis horas a cortar leña… ya mi futuro había sido elegido… trague saliva y dije: -Bien, si entonces compraremos una, que sea buena- ,sonreí apenas. El comerciante me llamo hacia una puerta, era un hombre gordo y barbudo pero pelado en su cabeza, vestía una camisa blanca, teñida de oscuro por el carbón y el fuego de la forja, me diriji en pasos lentos y por fin entre a la habitación, de repente la casa se agrandaba, allí adentro todo brillaba, montones y montones de hachas colgaban de las paredes, había de todas clases y colores, de bronce, de hierro, de oro, de drithil, de rufil, y por cierto, del mineral del estas montañas, el gofit. El señor se acercó a un armario que estaba cerrado, saco una llave larga y la introdujo en la cerradura, abrió lentamente el mueble y una pequeña brisa se movió, como aire que sale de una botella al abrir un corcho, acerco su vela hacia adentro y de repente todo destello de luz, tomo el hacha y me la acerco, tuve miedo, miedo de no poder mantenerla en mis brazos, si eso pasara yo nunca me convertiría en mayor por tradición. Tome el hacha con mi mano derecha y… dije –Bien, suéltela- cuando abrí los ojos, el ya lo había hecho, el hacha estaba en mis manos, de color verde oscuro con franjas azuladas, toda del mismo metal, un gran filo de un lado y una punta del otro. Mire al hombre, el me sonreía, luego dijo… -Hijo, tienes en tus manos la Uliatilh, el hacha única, forjada con cenizas de Golen, la mas liviana, la mas filosa- De repente, sentí un gran peso en mi mano, volví a ver el hacha y… ahora parecía de hierro, y pesaba como tal… no supe que decir y sonreí, el hombre me dio un cinturón de cuero, y me explico: -Esto se coloca aquí, en la espalda, y el mango del hacha, aquí en este agarrador- Escuche, y dije –Bien-. Salí de la habitación forcejeando mis piernas contra el suelo, cargaba en mis espaldas mas peso de lo que alguna vez hubiese cargado. Mi padre estaba apoyado en una biga, sonreía y reía a la vez, como yo… el pequeño Thorrin, quedaba aún más pequeño al lado de mi hacha.
Terminamos de almorzar, ese día no lo hicimos como lo habitual en casa, sino que fuimos a la cabaña de los Tulgapan, nada mas odiable en todas estas tierras. Mi padre se levanto de la mesa, hablo algo con Rulk Tulgapan, un hombre algo obeso y gruñón, los dos se dirigieron a una habitación contigua al comedor, momentos después se escucho el estruendo que produjo la puerta al cerrarse fuertemente. Quede solo… allí estaba yo, entre aquellas bestias entrenadas para aturdir, la Señora Tulgapan y sus dos hijos, se acercaron como cuervos que picotean a una animal luego que el depredador se fue, un segundo después sufrí el ataque… “! HOLA THORRIN!” , la voz mas chillona, la voz de ella, “¿QUERES JUGAR A LAS MADERITAS?”, en coro, los dos hermanitos, “OHH QUE GRANDE ESTAS, YA TIENES UN HACHA”, nuevamente ella, “AVERRR, déjamela ver, por favor”, el hermanito mayor, “¿ES UN HACHA EN SERIO?”, el hermano menor… así continuo mi tortura durante veinte sonadas fuertes del reloj, por un momento llegué a dormirme respondiendo automáticamente, si, no, si, si, no… algo me llamo a la realidad de repente, unos pasos fuertes en el piso de madera y se escucho la puerta abrirse, nunca sentí tan alivio, tanta calma, era feliz nuevamente, entre la oscuridad del pasillo apareció la silueta de un ángel que venia a sacarme del infierno, mi padre, abrió lentamente sus labios, pude ver la gotas de saliva salir de ellos y chocar contra el bigotes, pronuncio la frase del milagro… ¿Nos vamos?, ya es tarde… Sonreí como nene que sonríe al recibir el regalo de cumpleaños y respondí- Realmente es una lastima, estaba teniendo la conversación mas alegre de los últimos tiempos.
Cuando el sol ya se colocaba encima nuestro y las casas empezaban a emanar calor, yo y mi padre estábamos caminados hacia el aserradero del bosque viejo, recuerdo que ese día era particularmente caluroso, y no paso mucho tiempo antes de que el gruñón de mi padre empezara a quejarse; primero los insultos fueron hacia los dioses… luego hacia el sol… luego la culpa del calor la tenia yo, caminamos y caminamos, sudamos y sudamos, el pueblo ya quedaba lejos y ahora cruzábamos el puente del arroyo Yuil,
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Cita:
Empezado por Dareios
En realidad, su post es pura desvirtuación y no tienen la posta de nada....
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